Predial 2027: cuando el vecino paga la cuenta de una gestión que no rinde
Un aumento del 18% en el impuesto predial no es una decisión técnica: es una decisión política, y como toda decisión política tiene que rendirse ante quien la sostiene. Y quien la sostiene, en este caso, no es el concejo, es el vecino.
Antes de discutir cuánto sube el impuesto, hay una pregunta más honesta que nadie hizo esta semana en la sala del concejo: ¿en qué se gastaron los ingresos del predial del año anterior? Sin esa respuesta, todo debate sobre el aumento es un debate incompleto, casi diría un debate deshonesto.
Entiendo que la ciudad necesita recursos. Nadie discute que hay calles rotas, alumbrado por reponer y servicios que reclaman modernización. Pero cargar el ajuste sobre el mismo bolsillo de siempre, sin abrir el libro contable, es pedirle al vecino que confíe a ciegas en una gestión que hasta hoy no ha mostrado voluntad de rendir cuentas con detalle.
El argumento de que el aumento es inevitable por la inflación se cae al primer análisis. La inflación pega igual al que paga el impuesto que al que administra los recursos: la eficiencia del gasto, no el aumento del ingreso, es lo que salva a los municipios que salen adelante. Y en eficiencia, este municipio tiene mucho que demostrar antes de pedir más.
Los dos votos en contra del concejo y la abstención de ayer no son un accidente. Son la expresión de que dentro del propio cuerpo hay conciencia de que se está pidiendo un esfuerzo grande sin haber entregado, primero, un informe claro. La protesta convocada para el fin de semana tampoco es un capricho: es una respuesta cívica a una decisión que se tomó sin diálogo real.
Mi posición es concreta. No me opongo al aumento porque sí. Me opongo a la manera en que se aprobó. Le propongo al concejo tres compromisos mínimos antes de aplicar el ajuste: primero, publicar en detalle el destino del predial recaudado en los últimos dos años; segundo, congelar el aumento para adultos mayores y hogares vulnerables verificables; tercero, someter cada gran obra financiada con estos recursos a una audiencia pública con seguimiento ciudadano.
Un municipio que respeta a sus vecinos no les pide más plata sin antes mostrarles la anterior. Y un vecino que se respeta no acepta pagar el aumento hasta que la respuesta llegue con nombre, apellido y factura.
— Firmado por tu nombre real, tu ciudad.